
La reacción de los bancos centrales será distinta
La política monetaria global se enfrenta a un escenario marcado por las tensiones en Oriente Próximo, cuyo impacto se traslada al encarecimiento de la energía y al riesgo de nuevas presiones inflacionistas. A diferencia de 2021-2022, el contexto actual es más equilibrado: la inflación está más próxima a los objetivos, los tipos se sitúan en niveles neutrales y se han corregido gran parte de los desequilibrios de oferta.
Sin embargo, emerge un factor clave: la memoria inflacionaria. Empresas y trabajadores, tras episodios recientes de alta inflación, pueden reaccionar con mayor rapidez trasladando costes a precios y salarios, aumentando el riesgo de persistencia.
Ante ello, los bancos centrales adoptan un enfoque preventivo, con especial atención a la inflación subyacente, y el mercado ya ajusta expectativas hacia posibles subidas de tipos en Europa y Reino Unido.
Así, la política monetaria oscila entre actuar tarde o endurecer en exceso, con una lección clara: evitar que la inflación se consolide es clave para contener costes futuros.



