
No es una carga, es un beneficio
Afi · No es una carga, es un beneficio (Empresa Global - nº256)
A menudo, las bonanzas de cotizar se analizan exclusivamente desde perspectivas financieras y de liquidez. Y qué duda cabe de que son elementos esenciales en la decisión de salir a bolsa. Sin embargo, saltar al mercado es mucho más que una operación financiera e implica una transformación estructural y cultural extraordinaria en el funcionamiento de las sociedades,

en definitiva, en su gobernanza interna.
En efecto, una empresa que decide cotizar en bolsa acepta someterse a una serie de exigencias regulatorias, normativas y de mercado que van más allá de las requeridas a las sociedades cerradas. Salir a bolsa implica aceptar el cumplimiento de códigos de buen gobierno, reportar periódicamente el cumplimiento de los anteriores, publicar estados financieros auditados, incorporar consejeros independientes, constituir comités especializados de supervisión, dar un trato equitativo a los accionistas minoritarios y, en general, comprometerse a mantener altos grados de transparencia.
Transparencia y profesionalización como motores de valor
Lo anterior podría leerse, precipitadamente, como un listado de incentivos para, en sentido contrario, no cotizar. O, en el mejor de los casos, como un mal necesario a sobrellevar estoicamente ante la principal decisión de cotizar por razones meramente financieras. Visto así, muchas empresas pueden temer perder privacidad, control o agilidad al cotizar.
Aun cuando puede ser cierto que existe un esfuerzo inicial en términos de dar cumplimiento a determinadas obligaciones formales, esos "costes" deben verse como una inversión en la mejora de la gobernanza y la reputación empresarial. Así, el acceso a los mercados públicos no solo busca crecer, sino hacerlo bien, con reglas claras, controles efectivos y respeto para todos sus grupos de interés. Las empresas que entienden esto, no solo se benefician del capital que aporta el mercado, sino de la excelencia en su gobierno, que las vuelve más sólidas, resilientes y preparadas para competir.
Un principio esencial del gobierno corporativo es la transparencia, pues debe informarse al mercado, de forma periódica, sobre aspectos tan relevantes como la situación financiera, estructura accionarial, políticas de remuneración, riesgos relevantes o acontecimientos significativos. Es, sin duda, una carga formal, pero esa transparencia genera, asimismo, importantes beneficios como, por ejemplo, el aumento de la confianza de los inversores, empleados, proveedores y otros grupos de interés. Por otro lado, la transparencia disciplinada mejora los sistemas internos de supervisión, información y control. Se convierte en una palanca de mejora continua y establece una cultura de rigor contable.
Las buenas prácticas, bajo la responsabilidad y supervisión de consejeros externos, mejora la supervisión de riesgos y la toma de decisiones bajo criterios técnicos y no personales o familiares. Este esquema ayuda a prevenir conflictos de interés, malas prácticas o una excesiva concentración de poder. Indudablemente, el análisis y la gestión de riesgos, en su más amplio sentido, son la piedra angular de la buena gobernanza de las compañías.
Un gobierno corporativo bien organizado debe permitir la detección temprana de riesgos y la gestión proactiva ante los acontecimientos que se materialicen: así, las exigencias y recomendaciones de los códigos de buen gobierno de las sociedades cotizadas facilitan a las empresas las herramientas para identificar, valorar y mitigar riesgos.
Otra vía esencial para conseguir una buena gestión de los riesgos es la profesionalización del Consejo. El equilibrio entre los distintos tipos de consejeros y el trabajo técnico de las comisiones permiten que las decisiones más importantes de la empresa se tomen con rigor, objetividad y responsabilidad. Este es uno de los grandes diferenciadores de las empresas cotizadas, donde el consejo deja de ser un mero "órgano formal" y se convierte en una verdadera instancia de gobierno, control y creación de valor. En particular, la idónea selección de consejeros independientes, con experiencia y prestigio, aporta una visión estratégica externa, diversidad de pensamiento y una mayor capacidad para desafiar, a través de un escepticismo crítico, las decisiones de la dirección.
La implantación del buen gobierno, desde el convencimiento del Consejo de Administración y su equipo directivo, y no desde el escepticismo, es clave. La buena gobernanza, basada en la voluntad y no en la imposición, acaba permeando rápidamente a toda la organización de la empresa. El círculo virtuoso de la gobernanza, entendido como valor estratégico de empresa, se extiende con rapidez a todos los directivos y empleados y acaba redundando, de forma inequívoca, en beneficio de la propia empresa.
Desde la Asociación de Emisores Españoles nos esforzamos por transmitir las indiscutibles ventajas de contar con sólidas estructuras de gobernanza, ofreciendo a las empresas cotizadas un entorno seguro para compartir inquietudes, resolver dudas y abordar conjuntamente los retos relacionados con el buen gobierno corporativo. Constatamos a diario, con satisfacción, los altos grados de credibilidad, transparencia y reputación de los emisores españoles.
Estamos convencidos, por otro lado, de las ventajas de aplicar similares políticas de gobernanza en sociedades no cotizadas. Por supuesto, adaptadas a cada empresa, sector y circunstancias. Son muchas las empresas que, de forma voluntaria, deciden implantar algunas medidas de transparencia corporativa con el efecto casi inmediato de mejorar las relaciones entre socios y aumentar los niveles de profesionalidad y rigor de sus organizaciones. En definitiva, la transparencia empresarial, en cualquier ámbito, es sinónimo de oportunidades de negocio para las compañías.
Lucas Osorio, presidente de Emisores Españoles