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10/7/23

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Nº 233 - Julio-agosto 2023

Todos los días a primerísima hora de la mañana consultaba todas las fuentes de información de regulación financiera existentes, las clasificaba, archivaba, analizaba, resumía, memorizaba y remitía a todas y cada una de las personas con las que trabajaba, con absoluta precisión y personalización.

Todos los días, todas las fuentes, todas las personas.

Paco Valero fundó Afi hace 35 años junto a Emilio Ontiveros y Ángel Berges. Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad en la Universidad Autónoma de Madrid impartió centenares de clases a miles de personas en la universidad donde era profesor desde 1975, y en Afi Escuela. Clases que son ya historia, pero cuyas enseñanzas siguen muy presentes, de forma consciente o no, en las cabezas de quienes conforman la comunidad financiera española.

Toda conversación con Paco era una clase magistral. Se iniciaba con el traslado de una duda y se desarrollaba con una minuciosa unión de puntos perfectamente documentados, argumentados, contextualizados y traducidos a la capacidad de comprensión del escuchante. Esa conversación se convertía en infinita porque cualquier novedad regulatoria relevante que se produjera sobre la cuestión conversada a partir de ese momento llegaría con puntualidad a tu bandeja de entrada. Y así todos los días, con todas sus conversaciones, con todos sus interlocutores.

Y si la conversación nada tenía que ver con regulación financiera daba igual, su maravillosa curiosidad por el tema en cuestión, probablemente ajeno a sus intereses, igualmente te garantizaba una fuente de información infinita a partir de ese momento.

Paco era una fantasía. Con él tocaba elevar un poco el volumen de voz para que sus oídos dañados por unas paperas infantiles captaran todos los detalles.

Paco era una persona de una inteligencia, constancia y generosidad que muy pocas ejercitan de forma tan equilibrada y silenciosa. Demasiado silenciosa, quizás.

Hace una década sus compañeros bromeábamos con él porque queríamos digitalizarle. No a él, que es inimitable. Sí sus rutinas y métodos, sus maravillosos e hiper desarrollados algoritmos mentales que todos los días, a primera hora de la mañana, hacían que decenas de personas recibiéramos sus misivas con los ingredientes regulatorios esenciales para desarrollar nuestras tareas.

Ha sido un auténtico lujo trabajar con Paco. Y es una profunda tristeza la que nos deja su ausencia.

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